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Operación policial en Borox contra un megacultivo de marihuana: más de 12 horas arrancando miles de plantas

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Sobre una verja de color negro, al lado de la puerta de entrada a la finca rústica, un cartel lo deja claro: «Prohibido el paso a toda persona ajena a esta finca». Sin embargo, la Policía Nacional entró este miércoles con una orden judicial y encontró una ingente cantidad de plantas de marihuana. Un megacultivo exterior formado por miles de unidades, que ocupaban varias hectáreas en la urbanización Nuevo Borox. Esta zona residencial está formada por medio centenar de viviendas unifamiliares, que se levantan a 6 kilómetros del casco urbano de este pueblo toledano de La Sagra, donde las operaciones policiales están a la orden del día.

Sobre esta última intervención, la Policía Nacional no confirmó a ABC el número de detenidos ni la cifra aproximada de plantas destruidas, que se encontraban en un avanzado estado de crecimiento y que estaban distribuidas en cuadrículas delimitadas por coníferas en desarrollo. Tampoco indicaron si los responsables del terreno, situado en la calle Cerro Alto, disponen de los permisos para cultivar cáñamo con fines farmacéuticos, según la documentación que habrían presentado en el ayuntamiento para obtener una licencia.

Responden por esta megaplantación la administradora y el dueño de la finca, que son pareja sentimental y que tenían a un trabajador viviendo en la explotación. El empleado cuidaba de las plantas y realizaba también funciones de guardián de las instalaciones, aunque hay videovigilancia, según otras fuentes consultadas por ABC.

Entrada a la finca. Al fondo, la parcela limpia después de que el tractor quitase la marihuana

Manuel Moreno
Fase de explotación
Los agentes sorprendieron al trabajador cuando accedieron a primera hora de la mañana a la finca, que tenía todavía la tierra blanda por los efectos de las últimas lluvias. Llegaron en varios coches oficiales y camuflados. Llevaban la pertinente orden judicial y los acompañaba una funcionaria del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 7 de Illescas. Luego llegaron el dueño y la administradora de la finca.

Sobre las ocho y media, un tractor verde comenzó a arar el extenso campo para destrozar las plantas y remover el suelo con el fin de evitar que germinen semillas. Como testigos inanimados, los tres enormes contenedores de agua y las casetas prefabricadas que coronan la finca, cuyo extenso vallado metálico está revestido de una malla verde que impide la visión desde el exterior.

El vehículo agrícola había llegado procedente de Talavera de la Reina, a 120 kilómetros de Borox, sobre el remolque de un camión contratado para la ocasión. El tractor estuvo luego arrancando marihuana durante seis horas y media seguidas, pero se averió sobre las tres de la tarde. Ocurrió poco después de que una policía nacional al cargo del operativo entrase de nuevo en la finca con una bolsa blanca con bebidas y bocadillos. Era la hora de comer.

Con el tractor fuera de juego, tomaron el relevo los operarios de una empresa, que se encargaron de arrancar la siembra a mano y con unas tijeras. Con ayuda de un camión, las plantas destruidas y picadas por el rotovator del tractor, eran depositadas en unas enormes sacas de escombros para luego llevarlas en furgones blancos y sin rotular a un lugar donde custodiar el material decomisado.

Numerosos fueron los viajes que esos vehículos de carga realizaron durante más de doce horas de duro trabajo en una jornada soleada y calurosa. Cada cierto tiempo, salían por la puerta de entrada a la finca, custodiada por dos policías locales. Hasta allí fueron también dos guardias civiles para preguntar por la presencia de la Policía Nacional y el padre del propietario, que no pudo acceder al recinto.