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Jazzmadrid invoca el espíritu del San Juan Evangelista: el ‘hogar’ madrileño de las leyendas del jazz

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Ya lo advertía el director artístico de Jazzmadrid, Luis Martín, dos meses antes de que el Coronavirus nos cambiara la vida: «El resto de festivales de jazz en España suelen organizarse al dictado de lo que quieren las multinacionales del disco y las marcas patrocinadoras. De esta forma, lo que creemos que es jazz, muchas veces no lo es, porque está revestido de otras cosas. Eso es lo que cuidamos con nuestra programación, que no responde a los criterios del mercado».

Con esa filosofía, la cita organizada por el Área de Cultura, Turismo y Deportes del Ayuntamiento de Madrid fue creciendo desde los 15.000 espectadores a 40.000 en 2018. En 2019, congregó a un total de 46.359 asistentes, un 11% más que la cantidad registrada el año anterior. Además, la ocupación media de los 42 conciertos fue del 91,32% y en 32 de ellos se colgó el cartel de no hay entradas (76,19%). Luego llegó la pandemia y, con el mundo paralizado, el festival tuvo que echarle imaginación para sacarlo adelante y continuar este año para recuperar el esplendor. La nueva cita comienza el 2 de noviembre y se prolonga hasta el 30 con cerca de setenta conciertos que tendrán lugar en escenarios como el teatro Fernán Gómez (Plaza de Colón), el espacio CentroCentro (Plaza de Cibeles) y el Centro Cultural Conde Duque (Calle del Conde Duque).

«Cuando comenzamos a perfilar el cartel, la situación todavía no permitía vislumbrar la bonanza que parece que vivimos ahora. ¡Ojalá sea cierto! Con esto quiero decir que el planteamiento en principio fue similar al del año pasado, cuando la situación del Covid era peor. Sin embargo, a medida que mejoró, además de fijarnos en el jazz local, como siempre hemos hecho independientemente de la situación, hemos querido representar ese ansiado regreso a la normalidad haciendo un hueco a algunos grandes músicos internacionales», explica Martín.

Figuras consagradas como Gonzalo Rubalcaba, Madeleine Peyroux, Cecil McLorin, Jose James, Carmen París, Chano Domínguez y Diego Amador, Pedro Ruy-Blas, Ignasi Terraza y, sobre todo, Charles Lloyd y Kenny Garrett. Los dos saxofonistas se ganaron hace muchos años un hueco entre los mejores de la historia y son los cabezas de cartel. El primero, con una trayectoria que abarca seis décadas y grabaciones con gigantes como Cannonball Adderley y bandas como The Doors, The Byrds y The Beach Boys; y el segundo como uno de los músicos que más tiempo acompañó a Miles Davis en la década de los 80, además de a Art Blakey, Joe Henderson, Freddie Hubbard, Pharoah Sanders, Chick Corea, Herbie Hancock y Elvin Jones, por citar solo a algunos.

[Gonzalo Rubalcaba: «El régimen cubano me ocultó que Dizzy Gillespie quiso llevarme de gira por el mundo»]

La modernidad de Garrett
En 1987, el trompetista escribió en su autobiografía sobre la capacidad de este último para mirar al futuro cuando tenía veintipocos años: «Todos los músicos quieren ser estrellas enseguida, tener lo que llaman su propio estilo, pero lo único que hacen es imitar lo que otros inventaron mucho tiempo atrás. Los jóvenes capaces de desarrollar un estilo propio son muy pocos. Mi saxo alto, Kenny Garrett, es uno de ellos». Una visión a la que el director del festival añade ahora: «Garrett sigue representando uno de los valores de la modernidad dentro del jazz, porque es un tío que sigue haciendo lo que le da la gana, que es lo que aprendió con Miles, pero yendo siempre varios pasos por delante del resto. Se mueve bien en un territorio difícil, pues está encumbrado, pero atrae a los más jóvenes. Eso es increíble».

A estos nombres hay que sumar otras aventuras arriesgadas y variadas como la del contrabajista Kyle Eastwood, hijo del famoso director de cine; los guitarristas Eivind Aarset, Lionel Loueke y Julian Lage; los bateristas Makaya McCraven y Dave Weckl & Tom Kennedy Project; los pianistas Joachim Kühn, Jacky Terrasson y Dominik Wania; el saxofonista Ariel Brínguez; la libre improvisación de Duot y Andy Moore, y la ‘chançon française’ pasada por el filtro del jazz de Alfonso Vilallonga, habitual compositor de bandas sonoras de Isabel Coixet y Fernando León de Aranoa.

El ‘Johnny’
«En Jazzmadrid intentamos abrir las fronteras lo máximo posible, porque el jazz también lo hace. Es una música viajera, que se construye siempre en una actitud desafiante, enfrentándose a la rigidez del formalismo académico y es, además, apátrida. Dentro de ese amplio abanico, no queremos salirnos a otros estilos, porque los aficionados al jazz de Madrid han tenido mucho que ver con el público que iba a los conciertos del Colegio Mayor San Juan Evangelista. Lo que ha hecho Jazzmadrid es heredar el espíritu del ‘Johnny’ [como se le llamaba coloquialmente], cuyas actuaciones desde 1966 y durante muchos años fueron increíbles en una época en la que la gente en España no le prestaba mucha atención al jazz», cuenta Martín.

Por su escenario pasaron Paco de Lucía, Silvio Rodríguez y Sabina, dio su último concierto Camarón y fue multado Enrique Morente por cantar cierto fandango la noche del atentado de Carrero Blanco. Pero se le conoce sobre todo por acoger a una jovencísima Diana Krall en 1996, así como a otras figuras del jazz como Tete Montoliu, Hugh Masekela, Chick Corea y el mismo Kenny Garrett a principios de siglo. Allí Luis Martín vio, por ejemplo, a Dizzy Gillespie, Cecil Taylor, Art Ensemble of Chicago o Paul Bley.

«Los aficionados del ‘Johnny’ no van a admitir que yo ahora les cueles otra cosa… y tampoco quiero hacerlo. Soy una persona muy abierta en cuanto a la música, pero si hablo de jazz, quiero hablar de jazz. Creo que aquella fue una escuela que duró muchos años… ¡era la leche! En mi opinión, gran parte del público que viene a esta cita es heredero de aquello, aunque la edad media haya bajado bastante en los últimos años. Un dato, por cierto, del que estamos muy orgullosos», reconoce.