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Pedro ‘El Granaíno’, la estrella del flamenco que aprendió a cantar en los mercadillos

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1.400 kilómetros le separan de su próxima parada: el Festival Flamenco de Nîmes, hacia donde se dirige en coche desde Sevilla para actuar este sábado 15 de enero. Para él, sin embargo, esa paliza no parece gran cosa; o, al menos, le resulta familiar. Durante años, y hasta hace relativamente poco, uno de los grandes cantaores del panorama actual se dedicaba a la venta ambulante. Eran cuatro las paradas que tenía que hacer en su ruta de mercadillos, siempre por Andalucía. Dormía en los coches, con la familia, pues «antes no era como hoy, que los vendedores van y vienen en el día». Y allí, dice, se le forjó el eco desgarrado con el que canta. Pregonando pijamas.

Su abuelo, que compartió pupitre en la escuela con Curro Romero, era de Camas. Pero su abuela, granadina, tiró de aquel tratante de bestias de raza gitana que a sus 93 años goza de una salud impecable y se lo llevó a su tierra. Por eso Pedro, ‘El Granaíno’, nació allí. Cuando cumplió los 18, fue la sangre del abuelo la que pesó más y la familia regresó a Sevilla. Aún faltaba tiempo para que ese joven de rizo oscuro y tez morena se convirtiera en uno de los artistas más poderosos de su generación. Seguiría con el negocio de las prendas, por aquí y por allá, gritando lejos de la soleá, hasta que una encerrona de Farruquito lo empujó al escenario. Aquello le cambió la vida.

La encerrona de Farruquito
El bailaor Antonio Canales, junto a Farruquito y Guadiana, salió de fiesta tras triunfar en uno de sus espectáculos en la Bienal de Flamenco de Sevilla. Y por esa juerga se asomó más tarde El Granaíno, avisado por David El Galli, un cantaor que había escuchado los dotes de este artista entonces sin pulir. «Yo no tenía grandes conocimientos, pero era aficionado. Se quedaron sorprendidos conmigo y desde entonces Farruquito no dejó de insistirme para que fuera a trabajar con él. Una noche que tenía que hacer doblete, en San Roque y en Utrera, me llamó para que lo trasladara en coche de un sitio a otro, para hacerle el favor. Cuando llegamos a San Roque, Farruquito dio mi nombre a los técnicos. Me dijo que le iba a cantar dos letras por seguirillas. Yo le pregunté si estaba loco. Me dijo que no. Entonces empecé a poner excusas. No tenía traje, y me dejaron uno. Ya como último recurso les dije que con los zapatos marrones tampoco salía. Y me puso cinta americana en los pies. Yo calzo un 44, así que imaginate. Allí debuté. A regañadientes y engañado».<iframe src=»https://open.spotify.com/embed/playlist/5eQxsbgNdoSWK9xKQlon8w?utm_source=generator» width=»100%» height=»380″ frameBorder=»0″ allowfullscreen=»» allow=»autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture»></iframe>

Cuando terminó, con el éxtasis de los que estrenan emociones, se lo llevaron para el Potaje Gitano de Utrera. Era el año 2004. Homenaje a Alejandro Sanz. 4.000 personas de público y Pedro, que no era reacio, sino desconocedor de ese mundo, volvió a causar un fuerte impacto entre los asistentes. No había pisado ninguna academia, ni siquiera un tablao, pero estaba arrimándole el hombro a las primeras espadas de este arte.

«Después regresé a mis puestos, que mi vida estaba muy bien resulta, y aquello quedó como algo anecdótico. Nunca vi muy claro lo de dedicarme a cantar. En 2008 El Farru me ofreció trabajar con él en el espectáculo ‘Al natural’ durante dos meses y medio en Madrid, y accedí. Después de esa bonita experiencia, para la que tuve que hablar con muchos ayuntamientos para que no me quitaran el puesto, volví otra vez a los mercadillos, que tenía una ruta muy buena. A mí no me convencía nadie para abandonarla».

Pedro El Granaíno con Vicente Amigo

ABC
Se le olvida mencionar, sin embargo, que el guitarrista Vicente Amigo se encontraba entre el público: «Es cierto. No me conocía, le gusté, coincidió que estaba terminando el disco ‘Paseo de gracia’ y me metió en un estudio junto a Alejandro Sanz para grabarle un tema. Todo en mi vida pasa por la mano de Dios. La coincidencia». Ese tema, ‘Y se verdad’, se convirtió en el más popular de un álbum emblemático en el que participaron artistas como Enrique Morente y Niña Pastori.

«Aún así, por aquel entonces seguí compaginando los mercadillos con algunas galas, hasta que me contrataron para el espectáculo ‘Homenaje a los grandes’, en el Teatro Villamarta, en Jerez, y me empezaron a llamar de todas partes». Se agolparon los contratos, las excusas se vieron agotadas y El Granaíno, con la voz rota de presumir de su mercancía, se hizo cantaor. Año 2011. Edad: 38.

Por voluntad de Dios

A muchos sorprende que este artista, cabeza de cartel de los festivales flamencos más señalados de todo el mundo, no cuente aún con un disco propio, aunque sí haya colaborado en un sinfín de proyectos con otros compañeros. Tiene una explicación: «Todo lo bueno que me ha sucedido en la vida ha sido por voluntad de Dios. Me han ofrecido mil veces que grabe. Alguna vez he estado cerca, pero solo grabaré cuando sea la voluntad de Dios. No antes. Lo tengo claro. Solo si Él quiere, este año, ojalá, grabaré el primero, pero será cuando tenga que ser». Y será, al parecer, con la producción de Vicente Amigo.

En los camerinos su lengua es un rosario de oración y quietud. Gusta de la tranquilidad, del rezo. «Salgo al escenario con la confianza del que sabe que Dios está con él. Desde hace un tiempo, en los momentos previos solo bebo agua y me dedico a orar. Entonces canto en paz con las cosas, desde una nube. Me entrego a Él. Todo mi cante está lleno de esa certeza. De Dios».

Lejos queda la actuación que hubo de detener en una peña por la falta de respeto de un camarero. «Yo quiero un serranito», pidió a quien atendía las comandas a unos centímetros de la punta de sus zapatos. Lejos quedan, también, las escenas de volante con el maletero atestado de pijamas. Y más aún aquellos años en los que fue niño. Pudo ver, entre otras cosas, un mano a mano entre Camarón y Morente. Ese recuerdo, entrelazado con el eco de Tomás Pavón, su otra referencia capital, se revela cada noche a través de su garganta. Pedro El Granaíno ha encendido a la afición colmando de costillas los pentagramas. Releyendo a los clásicos desde otra sensibilidad. Su voz habita en la debilidad y la memoria, en el deseo. Canta a solas con Dios para expresarse. Consigo mismo. Y dice que «el alma no se copia». Es el alma, o la emoción, lo único que ha inventado.